La Visión extraocular o intuitiva… ¿imposible?

Cuando me hablaron por primera vez sobre la visión extraocular o intuitiva, pensé: “¡Esto es imposible!” Desde entonces, la palabra «imposible» ha ido desapareciendo progresivamente de mi vocabulario, ya que cada vez que la decía, veía que me equivocaba.

Al principio, descubrir que ver sin los ojos era posible y que la visión extraocular o intuitiva existía me pareció sorprendente, pero era algo que mi mente podía aceptar al escuchar la típica frase de: “nuestro cerebro solo usa un 5 o un 10% de su potencial”. Aunque esta afirmación puede encontrarse en estudios de distintos académicos y ha sido usada por Hollywood para crear películas enteras (como la película Lucy), seguía siendo en parte ciencia-ficción. Sin embargo, decidí darle la oportunidad de observar y sacar mis conclusiones. Y así fue. Primero, mis participantes vieron con un antifaz que les tapaba los ojos; posteriormente, cuando empecé a dudar de la fiabilidad de los antifaces, algunos lograron ver lo que tenían detrás, dentro de una caja o detrás de una tarjeta cuyo dorso no podían ver.

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Finalmente, acepté que la visión extraocular o intuitiva era posible. Y, tal como contamos en el libro “Ver sin los ojos es posible”, nos planteamos: si esta capacidad existe, ¿pueden existir otras?

Entonces llegó el turno de la telepatía. Muy pronto, con ejercicios rigurosos, vimos que también era posible y que incluso se lograban resultados más rápido que con la visión extraocular. Para hacernos una idea de lo que estamos hablando, podía escribir en un papel un recuerdo mío, un recuerdo que el participante no conocía. Luego, al revivirlo mentalmente mientras el participante trataba de describirlo, este lograba describirlo a la perfección o con gran acierto. Finalmente, el participante abría el sobre donde yo había anotado el recuerdo y comprobaba que su respuesta era correcta.

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Posteriormente, descubrimos la visión remota. Tras la primera explicación que escuchamos de ella, “ver y percibir informaciones que están en otros lugares u otros tiempos”, pensé de nuevo: “Esto es imposible. No hay nada que pueda explicar esta capacidad”. Pero tras unos pocos ejercicios de práctica, tuve que tragarme mis palabras, ya que tanto Tània como yo logramos ver o percibir con bastante éxito imágenes o informaciones que estaban, por ejemplo, cerradas dentro de una carpeta del ordenador. Incluso, Tània tenía alumnos en Chile que podían describir lo que ella estaba haciendo en un momento determinado de la semana, detallando con precisión lo que la rodeaba.

Entonces, añadimos las prácticas de Visión Remota dentro de nuestras sesiones de ver sin los ojos, ya que vimos que esta práctica ayudaba a mejorar los resultados en la visión extraocular o intuitiva.

A partir de aquí, y estudiando a Sichida, Bronikov y el método Silva, descubrimos otras capacidades. Desarrollando un lenguaje visual (o sensorial) de comunicación con nosotros mismos, podíamos encontrar objetos perdidos o escondidos y obtener respuestas a preguntas que no sabíamos. Así nacieron las técnicas que llamamos “Intuición Ampliada”, que nos sirven para desarrollar una brújula interna y estar más conectados con nuestra propia intuición y esencia.

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Finalmente, la telequinesis se presentó en nuestras vidas. ¿Realmente podíamos mover pequeños objetos con nuestra mente, con el poder de la intención? Cuando presencié, primero como observador y luego personalmente, que la respuesta era afirmativa, definitivamente vi que lo imposible solo existe dentro de nuestra mente y que podemos escoger si limitarnos con nuestras creencias o aventurarnos a probar cosas nuevas y descubrir que realmente somos ilimitados.

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(Este vídeo no es nuestro pero es una reproducción del ejercicio que hemos logrado en distintas ocasiones).

A día de hoy, seguimos descubriendo dónde está el techo, cuáles son nuestros límites. Y aún no los hemos encontrado. En el camino, puedo afirmar que, a través de un sueño que incubé, pude curarme en una sola noche de una gripe que me iba a impedir participar en la primera formación de coach que hicimos. También puedo afirmar que, aunque desearía tener más sueños lúcidos, estos existen y son un universo de posibilidades que cambian la percepción de quiénes somos realmente y qué es el universo que nos rodea. Además, en determinadas ocasiones, he visualizado (deseado) cosas altamente improbables que sucedieran y, en cuestión de segundos, minutos u horas, han acabado sucediendo.

la visión extraocular o intuitiva

No hemos visto a nadie levitando, ni todavía a nadie materializando un objeto. Quizás porque un parte de mi todavía cree que esto es imposible. Aunque desde la lógica que hemos vivido… para nada debería de ser imposible.

Para mí, la visión extraocular o intuitiva es una de las principales puertas para redescubrir nuestra verdadera esencia y descubrir que no somos los seres limitados que creíamos ser. Como diría Miquel Martí i Pol: “Tot està per fer i tot és possible” (Todo está por hacer y todo es posible). En este camino de autodescubrimiento, esto es así. Así que es hora de conocernos mejor y disfrutar de las posibilidades que nos da nuestra consciencia. ¿Te animas?

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